El territorio del Pueblo Cora o Náayeri se ubica en la región montañosa de la Sierra Madre Occidental en el noreste del estado de Nayarit, en los municipios de Acaponeta, Nayar, Rosamorada, Jesús María, Mesa del Nayar y Santa Teresa. Los coras de la costa se encuentran principalmente en el municipio de Ruiz.
Entre 1540-1541, las comunidades Náayeri participaron en la llamada guerra del Mixtón para detener el avance de los colonizadores españoles. Ante esta respuesta libre y digna de los coras, el virrey Antonio de Mendoza respondió con una gran concentración de tropas virreinales, que culminó con la victoria española y su inevitable dominación. Después de la derrota del movimiento liberador de los pueblos del Nayar, los coras establecieron vínculos profundos con sus aliados, los Pueblos O´dam, Mexikan y Wixárika, con quienes mantienen vínculos políticos y rituales permanentes.
Su territorio comprende desde un área semidesértica, en el extremo oriental, hasta una zona semitropical, en su extremo occidental, contiguo a la Reserva de la Biosfera de las Marismas. Además, en la parte alta existen bosques de pino templados y la fértil región de entrerríos de San Pedro y de Santiago, vecina de la Presa de Aguamilpa, en el sur. La región está surcada por numerosos arroyos que confluyen en los ríos Jesús María y San Pedro.
El territorio del Pueblo Wixárika abarca partes de los estados de Jalisco, Nayarit, Durango y Zacatecas en la Sierra Madre Occidental que se caracteriza por sus montañas, mesetas y acantilados pronunciados, un hogar donde habitan las comunidades wixaritari con difícil acceso y aislados entre si, situación que ha permitido a conservar muchas de sus tradiciones y costumbres a lo largo del tiempo.
La lengua wixárika pertenece a la familia lingüística yuto-azteca, unas de las familias más extensas y diversificadas de Mesoamérica, que abarca una amplia gama de lenguas habladas en el noroeste de México y el suroeste de los Estados Unidos.
Durante la colonización, los Wixárika lograron preservar gran parte de su autonomía y tradiciones debido a su aislamiento geográfico en las sierras. A diferencia de otros grupos indígenas, no fueron sometidos por completo por los españoles, lo que les permitió seguir practicando su religión, lengua y costumbres ancestrales.
Para el Pueblo Wixárika, los lugares sagrados constituyen la esencia de la vida. Entre ellos, destaca de manera particular Wirikuta, un lugar sagrado ubicado a muchas horas de distancia de sus comunidades. En este sitio, nace y crece el hikuri, una planta sagrada considerada como su hermano mayor. Alrededor del hikuri giran algunas de las ceremonias mítico-espirituales más importantes para el Pueblo Wixárika, pues esta planta posee, según su cosmovisión, propiedades medicinales y mágicas.
En la milenaria cosmovisión wixárika, el venado y el maíz de cinco colores representan el espíritu de los mara’kate: cantadores, curanderos y hombres sabios de las comunidades. Estos guías conducen a su pueblo hasta Wirikuta, un sitio sagrado al que, desde tiempos inmemoriales, realizan visitas anuales para pedir a sus deidades la llegada de la lluvia, así como el sustento, la salud, la vida y la armonía, no solo para los wixaritari, sino para todo el mundo.
Para el Pueblo Wixárika, el origen y la raíz están vinculados de manera mítica con más de 60 deidades reconocidas y ubicadas en su territorio. En la sierra, conviven con sus parientes, con los demás neiwama (hermanos comuneros) y, por supuesto, con los antepasados y sus deidades.
Habitan en la región conocida como el Gran Nayar, en el área meridional de la Sierra Madre Occidental dentro del extremo sur del estado de Durango, región que forma una media luna que alcanza a tocar los estados de Nayarit y Zacatecas. Sus asentamientos se ubican entre los 2000 msnm en la montaña, hasta los 400 m sobre el nivel del mar, en las barrancas; se encuentran dispersos y en número no exceden los mil habitantes. La mayoría de los tepehuanes forman parte de siete comunidades ancestrales que administran la tierra bajo el régimen de propiedad comunal: San Bernardino Milpillas Chico y San Francisco de Lajas en Pueblo Nuevo, Durango, María Magdalena Taxicaringa, Santiago Teneraca, San Francisco Ocotán y Santa María Ocotán en Mezquital, Durango, San Andrés Milpillas Grande en Huajícori, Nayarit.
Los suelos son de diversos tipos, predominando los arcillo-limosos; el clima cambia de templado frío, en las partes altas, a cálido en la zona de barrancas. La fauna es muy variada; entre los mamíferos importantes se encuentran: venado, conejo, ardilla, coyote, zorra, tejón, mapache, armadillo, jabalí, tigrillo, puma, gato montés y zorrillo; hay aves como: guajolote silvestre, codorniz, paloma, correcaminos, chachalaca, guacamaya y perico, así como varias especies de serpientes, iguanas y tortugas; en el río San Pedro existe: bagre, mojarra, trucha, matalote, carpa, langostino, etcétera. Los componentes florísticos predominantes en los valles y pie de montañas son: mezquite, huizache, guamúchil, capomo, chalate, frijolillo, pitahaya, nopales y magueyes, principalmente; en las partes más elevadas de la sierra, hay bosque de pinos y cedros.
El Pueblo Mexikan habita principalmente en tres comunidades de la Sierra Madre Occidental: San Pedro Jícoras y San Agustín de Buenaventura, en Durango, y Santa Cruz de Acaponeta, en Nayarit. Los integrantes de este pueblo se autoidentifican como mexicanos o mexicaneros, su lengua es el náhuatl o mexicano que se clasifica en la familia lingüística yuto-nahua; la cual corresponde a 2 de las 30 variantes lingüísticas registradas a nivel nacional para este idioma.
No existe certeza sobre cuál es el origen de los integrantes del Pueblo Mexikan; algunos autores consideran que se trata de grupos desprendidos de la peregrinación azteca que se dirigía hacia el centro de México, otros establecen que los españoles acostumbraban a trasladar hablantes de náhuatl leales a ellos, especialmente tlaxcaltecas, a territorios en donde enfrentaban problemas de dominación. También existe la hipótesis de que se trata de una población que tiene su origen en el lugar que habita, basado en la identificación de topónimos, o en las diferencias lingüísticas con respecto a la variante de Tlaxcala, mientras comparten diferentes rasgos culturales con los wixárika, coras y o’dam, habitantes de la misma región.
Para los mexicaneros, el xuravet o costumbre, consiste en un baile y una ceremonia realizada en el patio ceremonial, vinculada con el fuego, el sol y el ciclo agrícola, entre otros elementos. Este baile en dos filas de hombres y mujeres, incluidos los niños y las niñas, se realiza durante la noche hasta la salida del sol, alrededor del fuego, mientras el músico toca un arco con cuerda de ixtle apoyado en un calabazo que sirve para amplificar el sonido, así como la interpretación de cantos por parte del mismo músico.